Ni sevillistas ni béticos. Los sevillanos desterraron todas las rivalidades deportivas y, más allá de cualquier división, se echaron a la calle para despedir al futbolista Antonio Puerta, fallecido el pasado martes a causa de una displasia arritmogénica ventricular que le provocó un fallo multiorgánico tras dos días en la UCI. La ciudadanía desatendió las peticiones de intimidad de la familia y acompañó el féretro hasta el cementerio de San Fernando, donde sobre las 14.30 fue incinerado.
Más de 25.000 personas pasaron durante la madrugada y la mañana del miércoles por la capilla ardiente, instalada en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán. El velatorio concluyó con un responso en el que el sacerdote oficiante recordó el ya célebre estribillo del himno del centenario, «sevillista seré hasta la muerte», para destacar que, para un futbolista, «qué mejor forma de morir que en el terreno de juego», donde Puerta «daba su vida». También tuvo una mención especial para la novia del jugador, María del Mar, embarazada de siete meses, y para los padres y hermanos del fallecido, desechos por el dolor.
Fueron los jugadores del Sevilla, rotos los rostros por el dolor y ayudados por ex compañeros como Aitor Ocio o Sergio Ramos, quienes cargaron con el féretro desde la capilla ardiente hasta el coche fúnebre que lo trasladó al camposanto, seguidos por el llanto desconsolado de sus familiares. La multitud de seguidores y simpatizantes que esperaba en la puerta del estadio, guardando un espeso silencio y conteniendo la emoción prorrumpió en un fuerte y largo aplauso cuando el cuerpo sin vida del jugador salió al exterior del campo rojiblanco por última vez.
Aplausos y vítores
Los aplausos sólo cesaron para ser sustituidos por gritos como 'Puerta, amigo, Sevilla está contigo' o 'Puerta no te vayas'. Sevillistas y béticos ondearon al aire sus bufandas, y la escena rompió a los jugadores y al presidente Del Nido, a quienes las lágrimas arrasaron los ojos. Tras ellos, una pancarta en el fondo norte flanqueada por fotos, velas y bufandas de equipos de todo el país, intentaba un último consuelo: 'Puerta, no te has ido, simplemente vas a jugar con el equipo del cielo'.
La familia quería vivir en la intimidad el resto de la dramática jornada, pero no hubo forma. La comitiva fúnebre, integrada por tres coches cargados de coronas de flores, los vehículos de los familiares y un autobús con los jugadores y la directiva del Sevilla, recorrió varias calles del centro de la ciudad en medio de un clamor de seguidores. En las fachadas, las banderas de los dos equipos de la ciudad colgaban de los balcones cargadas con dolorosos crespones negros.
Al llegar al cementerio, al féretro lo esperaba un gentío que recibió al jugador de nuevo con una fuerte ovación y el incesante grito de 'Sevilla está contigo', coreado por miles de sevillanos que desafiaron el intenso calor. Una lluvia de flores regó el féretro. Sólo entonces, los aficionados dieron un respetuoso paso atrás y la incineración se realizó en una ceremonia estrictamente familiar.
Había sido una madrugada dura para la familia sevillista, congregada ante las puertas del estadio en cuando se conoció el fallecimiento del jugador tras dos días de agonía en la UCI del Hospital Virgen del Rocío. El cuerpo de Puerta, de 22 años, fue velado toda la noche en un altar colocado en el antepalco del Sánchez Pizjuán, en la zona conocida como la Fundación Centenario, y presidido por diversas fotografías suyas con el lema 'Uno de los nuestros, descanse en paz'.
Banderas y camiseta
El féretro estaba cubierto por la bandera del centenario del Sevilla y su camiseta con el número 16, así como por algunas rosas rojas, varias medallas religiosas e insignias, y algunas estampas de imágenes cofrades de la ciudad. A su alrededor, la bandera de España -el jugador fue internacional-, los últimos trofeos conquistados por el equipo e innumerables coronas de flores.
Si la manifestación de dolor de la ciudad de Sevilla, sin distinción de colores ni aficiones, ya resultó masiva y estremecedora a raíz de que se hiciera oficial el fallecimiento de Antonio Puerta en la tarde del martes, la despedida final al malogrado futbolista internacional superó lo previsible. El cuerpo del ya por siempre recordado canterano sevillista llegó al cementerio de San Fernando alrededor de las dos y media de la tarde para ser incinerado en una ceremonia que por expreso deseo de su familia se pretendía fuera lo más íntima posible. El cortejo fúnebre tardó más de media hora en atravesar la ciudad desde Nervión a las inmediaciones de San Jerónimo, sin que faltaran a lo largo del recorrido las muestras de afecto y cariño hacia el joven deportista desaparecido. En los alrededores del campo santo hispalense, pese a las altas temperaturas registradas en el día de ayer, se agolpaban miles de personas, de la misma forma que ocurrió poco antes de las dos de la tarde en los alrededores del Sánchez-Pizjuán para ver salir al féretro del llorado futbolista. Éste fue portado desde el antepalco por sus compañeros Dragutinovic -el primero en asistirle el pasado sábado en el campo cuando Puerta se desvaneció sin motivo aparente-, Kepa -jugador ahora en el Getafe y su mejor amigo en la plantilla sevillista-, Jesús Navas -otro de sus más allegados y con el que compartía representante-, David -un espejo para él como futbolista y persona-, Martí -su compañero de habitación en las concentraciones- Escudé, Aitor Ocio, Maresca, Palop y unos desconsolados Monchi y Juande Ramos. Detrás, el resto de la plantilla y el filial al completo, además de jugadores con los que también compartió vestuario no hace mucho como Sergio Ramos, Makukula, Redondo, Gallardo o el técnico que lo pulió en el filial, Manolo Jiménez, y el que le dio la alternativa en la máxima categoría, Joaquín Caparrós.


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Todo el mundo del fútbol y del deporte en general lloró ayer la pérdida del exterior zurdo sevillista, como se evidenció no sólo en lo vivido desde la tarde del martes en la capital hispalense, sino con las muestras de apoyo y de ánimo realizadas y remitidas ayer desde todos los rincones de España y de diversos e insospechados puntos del extranjero, como lo evidenciaba anoche la peculiar condolencia enviada por el Schalke 04, el equipo al que el inolvidable gol de Puerta el jueves de Feria del 2006 lo apeaba de la final de la Copa de la UEFA y que sirvió de trampolín al Sevilla triunfante de los últimos dos años.Al margen de todos esos detalles que evidencian el poder aglutinador del fútbol y la conmoción que ha supuesto la muerte súbita del más que prometedor futbolista nacido en el mismo barrio de Nervión, lo que más ha calado en la ciudad es que este luctuoso suceso ha servido para unir a los dos principales clubes de la ciudad, cuyas relaciones parecían definitivamente rotas tras lo acaecido en los dos últimos derbis. El ejemplo dado por las aficiones de Sevilla y Betis en las últimas horas tuvo su justa correspondencia con el gesto de que fuera la plantilla del conjunto verdiblanco y su consejo de administración en pleno, con Manuel Ruiz de Lopera al frente, los que se desplazaran al Sánchez-Pizjuán para dar sus condolencias al club y a la familia del jugador. Por la propia memoria de Puerta y por el bien de la ciudad es de esperar que lo que el dolor ha unido no lo vuelva a separar una rivalidad futbolística mal entendida.Hasta allí también acudieron, tanto al mediodía de ayer como durante la madrugada, representantes de la mayoría de equipos de la Primera española, así como una amplia representación de la vida política y deportiva andaluza y española. El secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky; el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves; el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín; el consejero de Turismo, Comercio y Deporte de la Junta, Sergio Moreno; el director general de Deportes de la Junta, Manuel Jiménez Barrios; el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar; el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, José Luis Astiazarán, el presidente del PP-A, Javier Arenas; el seleccionador absoluto, Luis Aragonés; y el de los sub-21, Iñaqui Sáez, estuvieron presenten en el responso oficiado en las entrañas del Sánchez-Pizjuán.